ALEJANDRO OBREGÓN O EL DESAFUERO DE LA PINTURA – LUIS ALFREDO SÁNCHEZ

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ALEJANDRO OBREGÓN O EL DESAFUERO DE LA PINTURA – LUIS ALFREDO SÁNCHEZ – INMEMORIAM

A 25 AÑOS DE SU MUERTE

DOCMENTO RECUPERADO (2016)
Por: Luis Alfredo Sánchez

Obregón , Obregón, ¡coño, que buen nombre para un pintor! Así le dijo Picasso a Alejandro Obregón cuando fue a visitarlo a su estudio en París en 1954. Este pintor colombiano al que me ligó una cercana amistad es el personaje de un documental que hice para televisión por allá en la década de los ochenta del siglo pasado a raíz de una retrospectiva de su obra en el Museo Nacional. Lo titulé OBREGON O EL DESAFUERO DE LA PINTURA. Quizás es el único testimonio audiovisual a color existente sobre Alejandro Obregón. El documental estuvo perdido y olvidado por años , finalmente logré rescatarlo en los archivos de la Fundación Patrimonio Fílmico en Bogotá. Me propuse restaurarlo hasta donde el video lo permite ya que a diferencia del cine este se deteriora, pierde color y calidad. Y lo logré en parte gracias a un joven editor que vive en Cali, Simón Jaramillo, profesional sensible y apasionado de su oficio de director y productor de video. En su estudio VINILO PRODUCCIONES trabajamos por horas para recuperar estas imágenes ya desteñidas , rayadas y deterioradas. El documental tendrá su primera exhibición pública en la Tertulia Médica de la Fundación Humanismo y Medicina, que dirige Adolfo Vera Delgado, el próximo viernes 2 de diciembre. Luego vendrán otras exhibiciones en diferentes espacios y en la televisión.

Hacer un video sobre Obregón tuvo el encanto de trabajar con un pintor y un ser descomunal por su personalidad, su actitud desenfadada ante la vida, su amor al arte y a la amistad. Obregón seducía por su conversación al calor del ron Tres Esquinas que bebía en cantidades alarmantes. Hombre irreverente , bohemio, instintivo , visceral , irascible , detestaba oír teorizar sobre su pintura, la racionalización y las explicaciones lo sacaban de quicio. Buscaba pleitos y prefería terminar una discusión a trompadas, comentaba Juan B Fernandez el director del diario El Heraldo de Barranquilla. Nunca le gustó hablar ante las cámaras o dar reportajes televisivos y puedo decir que lo logré gracias a mi amistad con él. Creo que aparte del mío solo hay una entrevista que le dio en su casa en Cartagena a Gloria Valencia pero entonces la televisión era en blanco y negro.

Se ha escrito mucho sobre este pintor. Alvaro Mutis, su gran amigo, decía que se parecía mucho a su personaje literario Maqroll el Gaviero protagonista de la mayoría de sus novelas. En alguna de ellas Maqroll el errante aventureo , se reúne con Obregón. Mutis escribió sobre su entrañable amigo pintor, “El sueña con pintar un día la vida, no la diaria y necia rutina de los hombres , sino la vida, la de verdad, la que solo encuentra respuesta en la mudez rotunda de la muerte. Ese propósito no se le cumplirá nunca, pero jamás alguien como él aceptaría una derrota semejante. Allí dejaría Obregón la piel, pero no va a cejar”.

Muchos de sus espontáneos ensayistas y críticos trataron de complicarlo, encasillarlo, intelectualizarlo, de sacarle pelos al gato. Se olvidaron que Obregón a secas fue el pintor colombiano por excelencia. Un costeño que con altura y soltura mostró la alharaca, el encanto, la magia, el calor y color del trópico.

Como dice García Márquez “su pintura con horizontes de truenos, sale chorreando minotauros de lidia, chivos arrechos, barracudas verracas “.

“Cuando lo conocí -cuenta García Márquez- no fueron esos ojos diáfanos de corsario que hacían suspirar a las locas del mercado sino sus manos grandes y bastas con las cuales le vimos tumbar a media docena de marineros suecos en una pelea de burdel. Son manos de castellano viejo, tierno y bárbaro a la vez. Esas manos son el instrumento perfecto de una vocación desaforada que no le ha dejado un instante de paz. Obregón pinta desde antes de tener uso de razón, a toda hora, sea lo que sea, con lo que tenga a la mano”.

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