Antonio Machado. Poesía. El crimen fue en Granada

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Antonio Machado y Federico García Lorca

www.lavozdelverso.com. Antonio Machado dedicó este poema a la muerte de Federico García Lorca. El poeta granadino fue detenido el 16 de agosto de 1936, en la casa de la familia Rosales donde estaba refugiado, por Ramón Ruiz Alonso, ex diputado de la CEDA. Este, por diversas circunstancias, odiaba profundamente tanto a Fernando de los Ríos como al mismo Federico, siendo trasladado al Gobierno Civil de Granada. José Valdés Guzmán,  consultó con Queipo de Llano lo que debía hacer con Federico, a lo que este le respondió: “Dale café, mucho café”

Algunos de los cargos que se le imputaron fueron “ser espía de los rusos, estar en contacto con éstos por radio, haber sido secretario de Fernando de los Ríos y ser homosexual”. Los intentos de los Rosales y de Manuel de Falla por salvarle fueron inútiles.

Tras pasar la noche en una cárcel en el pueblo de Víznar, fue fusilado junto con otros detenidos en el camino que lleva de Víznar a Alfacar. Aunque no consta la fecha concreta del asesinato, es muy probable que fuera en la madrugada del 17 al 18 de agosto de 1936.

Poema. Antonio Machado
Voz. Jose Miguel Linares
Música. DontCloseYourEyes
http://www.joshwoodward.com/

Imágenes
Soldat alemany
Sunset, Granada
La Alhambra se viste de otoño, Granada

El poeta Antonio Machado escribió este poema tras su muerte:

“El Crimen fue en Granada”
1. El crimen

Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—
… Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada.

2. El poeta y la muerte

Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre, los martillos
en yunque— yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban…
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»

3.

Se le vio caminar…
Labrad, amigos,
de piedra y sueño en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!

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