EL INMORTAL – JORGE LUIS BORGES

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EL INMORTAL – JORGE LUIS BORGES
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“Nadie es alguien, un solo hombre inmortal es todos los hombres. Somos Dios, somos héroes, somos filósofos y demonios, somos el mundo, todo lo cual es una fatigosa manera de decir que no somos Nada. Porque estamos hechos, no de carne y hueso, sino de tiempo, de fugacidad. Si no hubo un principio ni habrá un término, si nos aguarda una infinita suma de blancos días y negras noches, ya somos el pasado que seremos”
Jorge Luis Borges

El tiempo y sus dilemas atormentaron al maestro Borges a lo largo de toda su carrera literaria y filosófica y el escritor centró muchas de sus reflexiones en desentrañar sus enigmáticas paradojas.

Publicado por primera vez durante la primavera de 1947, en la revista Anales de Buenos Aires, y dos años después apareció en El Aleph, nuestro relato dibuja un escenario inigualable en torno al dilema del tiempo y la eternidad, el hombre y la inmortalidad. Desde una perspectiva casi mágica, en un plano metafísico de la historia , ¿cual sería la reacción de los hombres si algún día alcanzaran la inmortalidad?

El Inmortal sería escogido por el maestro para abrir su famoso libro de relatos El Aleph, en el que despliega toda una colección de referencias simbólicas, sobre el tiempo y las grietas entre las que los mitos surgen de la propia realidad… Según sus cronistas Borges consultaba con frecuencia la obra Matemáticas e imaginación, de Kasner y Newman, donde se estudia la teoría de conjuntos y las relaciones numéricas que tratan de representar los diversos niveles del infinito.

El tiempo llevado a la eternidad se desdibuja en una paradoja, tanto es así que esta distorsión temporal nos enfrenta al sentido de la propia existencia. ¿Qué hace que seamos nosotros mismos sino la memoria de lo vivido? Nuestro pasado nos ayuda a construir nuestra identidad, pero la memoria es fugaz y se nos pierde, recordamos muy poco de entre todo lo acontecido, cada día, cientos de miles de momentos y percepciones se alejan de nuestros recuerdos…

Borges no pretende contestar a las cuestiones del tiempo como lo haría un científico. Su viaje es metafísico, y su mensaje es una danza en la cuerda floja del entendimiento último, es el planteamiento del dilema lo que despierta la imaginación, es la imaginación la que enciende la llama del descubrimiento. Y aunque no seamos capaces de reflejar esa inmensidad numérica, la mente se proyecta en ella como en un espejo de eternidad. Y si alcanzamos ese punto, quizá por un instante podamos tocar las fronteras del infinito.

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