Ella es yo – Marta Aguadero.

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Hola mariposas. Por una vez no os tengo nada que contar (bueno, sí, pero me lo voy a ahorrar). El viernes veo a Andrés Suárez y y y y . Creo que es lo único relevante.
Aparte de eso, gracias por todo el apoyo una vez más. Os mando un abrazo bien bien grande, de esos que curan heridas.

twitter: @mullingarsm

blog: http://diecinuevelineas.blogspot.com

texto:

Ella siempre se vestía con colores negros
porque a pocas flores que llevase
ya le hacía la competencia a todas las que crecían en primavera.
Deshojaba margaritas deseando que la selección natural las hubiera modificado para que tuviesen un número de pétalos impar
y él siempre la quisiese.
Pobre ilusa.

Se ponía triste cada vez que llovía
pero estaba de película con el pelo mojado
y las gotas mezclándose con las lágrimas sabor frío que salían de sus ojos.
Escuchaba a Extremoduro para acordarse de él
y le entraban ganas de arrancarle la distancia a besos,
y eso que ni los kilómetros separaban corazones-imán como los de ellos.

Se tapaba la cara al reír
y odiaba que la gente llorase delante de ella.
Daba abrazos bien largos
y era la antítesis de todos los suicidas y sus pistolas.
Siempre apretaba un poco más en el último segundo.

Creía en el amor porque lo había visto en la televisión
y no era consciente de la magia que guardaba entre las pestañas,
la de sin truco, digo,
porque si lo fuese
todos los magos del mundo harían cola para preguntarle cómo hacía eso al recogerse el pelo.

Tenía unas maneras y unas formas
que paralizaban corazones
y paseaba por la calle contando todas las personas tristes que veía
para después apuntar el color de sus camisetas en un trozo de papel
y tirarlo al mar.

Le latía el corazón al compás de la nada
y muchas veces se imaginaba muerta.
Se emborrachaba en copas de decepciones
y le gustaba ver el vaso medio vacio.
Y aún así tenía la resaca más preciosa del mundo.

Le encantaba bailar
pero lo hacía de pena.
Era capaz de transformar su habitación en una discoteca cuando sonaba su canción preferida
y cualquiera le decía que no a que te pisase los pies.

Casi siempre se manchaba las manos de tinta
y se cortaba con las esquinas dobladas de sus libros de poesía.
Ella también soñaba con escribir uno,
pero siempre fue más musa que poeta.
Ella es todo lo que a mí me gustaría que me dijesen algún día.
Ella es yo,
con un par de sonrisas de más.

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