Ella se llama revolución – Marta Aguadero

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Mi colección de poemarios va aumentando poco a poco (elvira y pablo los últimos añadidos), y entre eso, la lluvia, y que últimamente ni yo sé a quién cojones le escribo, ha salido algo como esto. Es un poco diferente, espero que os siga gustando igual.
Muchas gracias por comentar, suscribiros y dar me gusta a mis vídeos. Sois enormes.

twitter: @mullingarsm

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texto:

Un día
me puse a buscar las siete diferencias que había entre tus labios
y las ganas que teníamos de destrozar el sistema.
Y me di cuenta
de que la revolución ya venía implícita en tu pintalabios rojo,
que tus comisuras arqueadas hacia arriba gritaban en contra de lo utópico,
y que todo lo que decías se convertía en el grito de guerra de los rebeldes.
Así que no sé cómo cojones voy a encontrarlas,
si por lo que he visto hasta ahora
os parecéis en absolutamente todo.

Te cansaste de recogerte el pelo si no era para follar,
mandaste a la mierda a los amores clasistas,
y sacaste a bailar a los formalismos
mientras te comían la misma boca que todo el mundo te quería lavar con lejía.
Siempre tenías guardada una bala en la recámara
por si te decían que no ibas a poder.
Entonces disparabas
y acababas con todos los señores en traje.
Con el parlamento.
Con la monarquía y los impuestos.
Y aunque tú seguías siendo una auténtica hija de puta,
el mundo merecía un poco más la pena contigo
y tus ganas de cambiarlo.

Cualquiera hubiera salido a la calle a manifestarse por tus caderas, niña.
Porque tienes un color que ojos que incita
a liarse un peta encima de la portada del periódico,
acabar con todas las leyes mordaza,
y tatuarse la palabra libertad en el lado izquierdo del pecho,
porque por mucho que froten,
esa tinta no se va a poder borrar de ahí.
Que está grabada a fuego
como el de las metralletas de los soldados en Irak
o las casas de Siria ardiendo después de otra explosión.

Pero qué te voy a decir yo;
si arrancaba las flores del suelo para regalartelas a ti
y tú las ponías en la mirilla de las pistolas
que atentaban contra los campos de margaritas,
si te pisaba los pies cuando bailábamos por las aceras después del toque de queda,
si solo erá
cuando tú parecías
estar.

Este mundo es una auténtica basura;
pero el olor se aguanta un poco mejor contigo aquí,
rociando ambientador
y limpiando las injusticias y las taras de esta sociedad tan degradada
sin ni si quiera mancharte las manos con toda su mierda.

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