Eres – Marta Aguadero

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Renovarse o morir, dicen. Y aquí vengo.
Confieso que me da pánico ponerme delante de una cámara para hacer esto y he tenido que regrabar el vídeo unas seis veces (y aún así no me ha convencido el resultado), pero aquí os lo traigo. Junto al abrazo más grande que os podáis imaginar y un helado de vainilla bien frío.
Gracias por estar ahí un día más.

twitter: @mullingarsm

blog: http://diecinuevelineas.blogspot.com

texto:

Qué sabrán los cielos rosas,
las cimas de montañas
o la espuma del mar en febrero
quiénes somos, a dónde vamos y de dónde venimos.
La respuesta está en unos ojos aniquilatristezas,
en unas caderas eliminamiedos
y en un pecho atrapapenas.
Y todos llevan tu nombre.

Qué voy a saber yo de amor
si tú ni me lo haces
y yo te sigo dibujando a mano alzada
mientras mis pies conquistan lunares ajenos
y clavan bandera bien profundo.
No eras salvavidas,
eras tierra firme después de varios días en alta mar
y yo solo barco varado o iceberg.
Siempre destrozos y destrucción.
Eras caballo de tiovivo y algodón de feria a la vez.
Extremoduro y The Smiths.
Maquillaje y tinta de boli, los dos corridos.
Todos los verbos copulativos,
y ni un ápice de lo abstracto.
Eras libre y para nada mío,
pero cualquiera se quejaba de lo segundo después de verte volando.

Llorabas océanos enteros para compensar la falta de agua
y eras cáctus con el mecanismo de autodefensa hacia dentro.
En un chasquido de dedos guardabas la tercera guerra mundial
y en el otro la paz más utópica posible;
yo siempre terminaba en medio de un fuego cruzado entre los quiero y no puedo
o los pudo ser pero acabó acabando,
y las balas se clavaban en mi pecho haciéndome sangrar poesía a borbotones
mientras tú mirabas para otro lado y lo tachabas de rasguño sin importancia.

A mí que me expliquen cómo se van a atraer los opuestos
si tú tenías el norte entre las costillas y despolarizabas mi lateral izquierdo cada vez que me acercaba un poco más de lo normal.

Menuda sonrisa te gastas para estar tan roto, eh.
Será que yo te veo con buenos ojos
y siento mis costuras cerrarse herméticamente cada vez que tus dedos pianistadepieles llaman al timbre
o será que tus ojos y abril hacéis una pareja de puta madre.
No lo sé,
pero te acabas de apartar el pelo de la cara
y yo he vuelto a sentir que tenía seis años y llegaba a casa justo cuando empezaban mis dibujos preferidos.

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