F. GARCÍA LORCA [CIELO VIVO]

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Poeta en Nueva York (escrito 1929-1930, publicado 1940)
Los poemas que componen este libro fueron escritos durante la estancia de Lorca en dicha ciudad en 1929 y completado en 1930. Reflejan el choque brutal con el mundo industrial moderno. Estos desolados poemas fueron editados después de la muerte del poeta. Se ha sugerido que la selección y ordenación de los textos no refleja la última voluntad del autor. Fuera de toda duda queda el mensaje de los poemas: constituyen una condena total de diversos aspectos de la sociedad norteamericana: las desmesurada importancia del dinero; la esclavitud económica y social de la raza negra; la corrupción del cristianismo; el olvido de la madre tierra y del reino animal; la cruel indiferencia de la sociedad hacia el sufrimiento del individuo. La vida se reduce a “cieno de números y leyes”, “juegos sin arte, sudores sin fruto”. Poeta en Nueva York es el primer libro de Lorca que contiene una sostenida protesta social. Está narrado casi totalmente en primera persona.
Es un libro turbulento, en el que Lorca adopta la forma surrealista para expresar su agrio desdén por la vida americana.
Gran ciclo profético y metafísico en el que el autor apuesta por los oprimidos, sin dejar de sacar a relucir sus obsesiones íntimas. Recurre a un lenguaje abiertamente surrealista que ya había aparecido en el Romancero Gitano, pero que esta vez pasa a ser el elemento fundamental del libro.
Estos poemas expresan el horror ante la falta de raíces naturales, la ausencia de una mitología unificadora o de un sueño colectivo que den sentido a una sociedad impersonal, violenta y desgarrada.
Este último poemario se encadena con la producción dramática del autor en su rechazo de lo inauténtico y en su anhelo de pureza. Corresponde al paso de Lorca de la poesía a una preocupación mayor por el teatro.
Sorprende de repente en este libro el cambio radical del mundo de Lorca. Hasta ahora habíamos visto la interacción del hombre y el cosmos, la inmersión del hombre con su anécdota diaria en las fuerzas primarias de la naturaleza mítica, que le acompañan como el coro en la tragedia griega a los personajes. En Poeta en Nueva York tenemos un mundo subconsciente negativo, lleno de rechazo total del mundo ambiente; la muerte interior del alma, la ausencia de vida; es un universo vacío de ese trasfondo mítico; es el hombre moderno de la técnica, que no vive integrado en el mundo cósmico. Los símbolos de este libro no son los de las obras anteriores, son símbolos del mal y la muerte: ortigas, serpientes venenosas, musgo (la Bolsa es una Pirámide de musgo). Es un mundo vacío, estéril, donde falta la dinámica de amor-pasión-muerte mítica. Un mundo vacío, privado del trasfondo mítico. Un mundo “asesinado por el cielo”.
Aparece un poco de nuevo el mito de las obras anteriores en el poema Vaca: El mito de la vaca cósmica. Pero ahora vemos una actitud antimítica. Ya no es el hombre englobado en el mundo mítico-cósmico, sino el hombre interesado solamente por sacar provecho subjetivo al mundo, el hombre que quiere dominar la naturaleza con su técnica.
Asistimos al sacrificio de la figura mítica y su total hundimiento dentro de los símbolos negativos. La luna aquí es una vaca sacrificada por el niño para ser comida, y no la divinidad embrujadora y sedienta de sangre humana. Del mundo cosmocéntrico de las obras anteriores pasamos al mundo antropocéntrico del hombre que somete a la naturaleza. La ausencia del mito se revela en la ausencia de lo vital, total carencia de vida en el ambiente que rodea al poeta. Los símbolos míticos de las obras anteriores se encuentran ahora en seco, muertos, oxidados, desfigurado su primario significado. El símbolo del caballo es ahora negativo, se encuentra en las tabernas asociado a los borrachos. Las vacas son ahora las vacas antimíticas de los establos. Uno de los más claros símbolos negativos de esta obra son las hormigas, que “atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas”. La humanidad marcha al encuentro de símbolos destructores. Los símbolos antes acogedores son ahora símbolos de la muerte como destrucción.

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