Lo odio – Marta Aguadero

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¡Peces! No os digo hola porque estoy escribiéndoos esto para anunciaros un “hasta luego”. No un adiós, ni un hasta nunca/siempre. Simplemente hasta luego.
Necesito tiempo para pensar. No me gusto, literalmente hablando, y creo que va siendo hora de recapacitar e intentar cambiar todo lo que esté al alcance de mi mano.
Seguís teniéndome en twitter e instagram (aunque haya borrado todas las fotos) y he abierto un blog nuevo donde subiré poco a poco lo que vaya escribiendo y considere decente.
Gracias por estar. No sé si será dentro de mucho o poco, pero volveremos a vernos y cogeré esto con tantas ganas que me acabará llenando tanto o más que al principio.
Muchos abrazos de menta.

twitter: @mullingarsm

instagram: martaagvi

nuevo blog: http://martaaguadero.blogspot.com.es

texto:

Estoy vomitando encima de un folio
y sé que para nada es lo más ético.
Ni correcto.
Ni coherente.
Las palabras se me presentan etéreas
y me bailan en el paladar
con tacones de espinas
mirándome lascivas
anunciando otra noche de tempestades.
Me he rendido ante la literatura,
y me encanta.
Pero no ha sido recíproco,
y lo odio.

Escupo indiferencia ante la poesía
que no puede volver a ser lo que era
porque nunca antes ha sido como tal.
O al revés.
Me ofrece su mano amable
cubierta de escarcha
y la rechazo
como si algo dentro de mí
me avisase de su naturaleza rapaz,
como girasol ante luz provocada,
como amante ante beso ajeno,
y caigo en la cuenta.
Yo solo soy carroña,
y lo odio.
Pero no sucumbo ante la ferocidad de todos esos necrófagos,
y me encanta.

Qué aburrida es la vida
pero cuánto más lo sería sin amor.
Se nos corrompió de tanto usarlo,
que no hacerlo,
y los fragmentos angulados se desplazan ágiles,
con movimientos serpenteantes
colándose por las cuencas vacías
de cadáveres putrefactos
e instalándose en el estómago
evocando la sensación de aleteo
de vulgares insectos lepidópteros
Estoy volviendo a recordar,
y me encanta,
pero no tengo ningún pretexto para seguir haciéndolo
y lo odio.

Estoy escribiendo más por inercia que necesidad,
y me encanta,
pero no sé cuánto más
podrán aguantar estas manos cansadas
de estar cansadas,
y lo odio.
Lo odio.

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