MARGUERITE YOURCENAR (MEMORIAS DE ADRIANO 5)

0
15

En 1980 la Academia Francesa acogía por
primera vez a una mujer, Marguerite Yourcenar,
cuyo verdadero nombre era Marguerite de
Crayencour. Nació el 8 de junio de 1903 en
Bruselas, de madre belga y padre francés. Su
madre, Fernande de Cartier de Marchienne, que
murió tras dar a luz a su hija, pidió que no se le
impidiera a la pequeña hacerse religiosa si así lo
deseaba. Pero su padre, que más que un padre
fue pedagogo, confidente y amigo, no era proclive
a hacer entrar a su hija ni en una orden ni en
cualquier orden.De este anticonformista heredará
ella el placer de vagabundear que bien ilustra
este adagio que nunca olvidará: “sólo se está
bien en otra parte”, y su gran cultura que
compartía con ella, así como su biblioteca.
A los dieciséis años Marguerite que no ha
bía puesto jamás los pies en la escuela aprobó el
bachillerato y junto a su padre eligió su
seudónimo, Yourcenar, que es un anagrama del
apellido.
Su primer volumen de poemas, El jardín
de las quimeras (1921), poema dialogado sobre
la leyenda de Ícaro, puso de manifiesto su
refinamiento como escritora, y en él interpretó los
mitos griegos con el fin de reinterpretarlos desde
el mundo moderno. En 1922 publicó otra
colección de poemas Los dioses no han
muerto.
Su primera obra publicada por una
auténtica editorial fue Alexis o el Tratado del
inútil combate (1929), una carta de ruptura
dirigida a una mujer por su esposo que confiesa
preferir a los hombres. Un púdico texto corto que
aboga, en la misma línea que el escritor André
Gide, por la libertad de las preferencias sexuales.
Entre tanto moría su padre en 1929, y
Marguerite conoció los años más intensos de su
vida de mujer. Ama, escribe, y va de un lado a
otro de Europa, una Europa donde se está
fraguando la catástrofe sin darse del todo cuenta.
Yourcenar es algo menos inconsciente que
muchos otros. En El denario del sueño (1934)
evoca un atentado fallido contra Mussolini por
parte de una pasionaria revolucionaria
Esos años estarán marcados por una
pasión imposible hacia un hombre que no la ama
y que, al igual que Alexis, prefiere a los hombres.
Fuegos (1936) es producto de esta crisis
pasional. Menos conocido que las obras
maestras de su madurez, este poema en prosa
mezcla la vida y los símbolos del amor absoluto,
la evocación de los grandes mitos de Antígona,
Fedra o María Magdalena con la lamentación
personal del amor contrariado. Más tarde
condenará este amor basado en el deseo,

En 1980 la Academia Francesa acogía por
primera vez a una mujer, Marguerite Yourcenar,
cuyo verdadero nombre era Marguerite de
Crayencour. Nació el 8 de junio de 1903 en
Bruselas, de madre belga y padre francés. Su
madre, Fernande de Cartier de Marchienne, que
murió tras dar a luz a su hija, pidió que no se le
impidiera a la pequeña hacerse religiosa si así lo
deseaba. Pero su padre, que más que un padre
fue pedagogo, confidente y amigo, no era proclive
a hacer entrar a su hija ni en una orden ni en
cualquier orden.De este anticonformista heredará
ella el placer de vagabundear que bien ilustra
este adagio que nunca olvidará: “sólo se está
bien en otra parte”, y su gran cultura que
compartía con ella, así como su biblioteca.
A los dieciséis años Marguerite que no ha
bía puesto jamás los pies en la escuela aprobó el
bachillerato y junto a su padre eligió su
seudónimo, Yourcenar, que es un anagrama del
apellido.
Su primer volumen de poemas, El jardín
de las quimeras (1921), poema dialogado sobre
la leyenda de Ícaro, puso de manifiesto su
refinamiento como escritora, y en él interpretó los
mitos griegos con el fin de reinterpretarlos desde
el mundo moderno. En 1922 publicó otra
colección de poemas Los dioses no han
muerto.
Su primera obra publicada por una
auténtica editorial fue Alexis o el Tratado del
inútil combate (1929), una carta de ruptura
dirigida a una mujer por su esposo que confiesa
preferir a los hombres. Un púdico texto corto que
aboga, en la misma línea que el escritor André
Gide, por la libertad de las preferencias sexuales.
Entre tanto moría su padre en 1929, y
Marguerite conoció los años más intensos de su
vida de mujer. Ama, escribe, y va de un lado a
otro de Europa, una Europa donde se está
fraguando la catástrofe sin darse del todo cuenta.
Yourcenar es algo menos inconsciente que
muchos otros. En El denario del sueño (1934)
evoca un atentado fallido contra Mussolini por
parte de una pasionaria revolucionaria
Esos años estarán marcados por una
pasión imposible hacia un hombre que no la ama
y que, al igual que Alexis, prefiere a los hombres.
Fuegos (1936) es producto de esta crisis
pasional. Menos conocido que las obras
maestras de su madurez, este poema en prosa
mezcla la vida y los símbolos del amor absoluto,
la evocación de los grandes mitos de Antígona,
Fedra o María Magdalena con la lamentación
personal del amor contrariado. Más tarde
condenará este amor basado en el deseo…

PUBLICIDAD

Dejar respuesta