MARGUERITE YOURCENAR (MEMORIAS DE ADRIANO 6)

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(MEMORIAS DE ADRIANO) La novela toma forma de una carta que escribe Adriano a Marco Aurelio, uno de sus favoritos como sucesor para gobernar el Imperio Romano. A través de esta misiva Adriano quiere no solo narrarle su vida para que aprenda de sus aciertos y de sus errores, sino transmitirle también sus valores y justificar algunos de sus actos.

Si la vida de una persona cualquiera ya tienen sus claros y sus oscuros, cómo no habría de ser así con el emperador hispánico que fue el precursor de construcciones que todavía hoy se mantienen en pie como el Panteón o el Castillo de Sant’Angelo de Roma. En su carta, Adriano se abre con declaraciones que todavía hoy serían muy polémicas (quizá más que en su época) y a través de él conocemos a aquellas personas que más trató en vida, como el emperador que le cedió el poder, Trajano; la esposa de éste Plotina, la mujer a la que más admiró; su triste esposa Sabina y, finalmente, quien fue el amor de su vida y por quien se volvió loco hasta el puto de llenar el Imperio con retratos suyos llegando a divinizarlo incluso, Antínoo, un personaje tan enigmático como magnético.
Adriano fue un emperador longevo, de ahí que realizara tantas gestas antes y durante su mandato. Es difícil que un personaje genere en mí el sentimiento de admiración. Suelo ser bastante descreída y encuentro siempre pegas a todo, pero cuando él mismo confiesa en la novela sus defectos, no puedo evitar que su honestidad y sinceridad se ganen un pedacito de mí. Los momentos en los que se muestra como un defensor de lo justo, antibélico, enamorado de la cultura griega y egipcia, humanista… han podido con aquellos en los que se pudiera mostrar más despótico o irrespetuoso con algunos de sus congéneres (sobre todo femeninos, por qué no decirlo…).

Yourcenar ha conseguido acercar al emperador a nuestro tiempo (sí, aunque hayan pasado casi 65 años desde su publicación) exponiendo su visión sobre la religión (se interesó por el judaismo, la “secta cristiana” y presentía ya su futuro poder), el conflicto de Palestina (cuya guerra ni siquiera él consiguió evitar) y la esclavitud (aunque defendía la libertad de los hombres, Adriano sabía que cambiaría de forma y de nombre, pero seguiría existiendo). A través de sus ojos viajamos también a lo largo de las diferentes provincias del Imperio Romano del siglo II después de Cristo, pues se trató de uno de los emperadores que más viajó para comprobar de cerca cuál era la situación real de cada territorio.

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