MARGUERITE YOURCENAR (MEMORIAS DE ADRIANO 7)

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La novela histórica “Memorias de Adriano” de la escritora belga Marguerite Yourcenar narra la evolución del pensamiento del emperador romano Adriano Augusto (76-138 d.C.) gobernante de origen español, quien ganó fama y prestigio al servicio de su predecesor el emperador Trajano, como joven ilustrado en filosofía, guerrero y soldado exitoso, segundo del mandatario y a su turno aplacador de sediciones y reformador del imperio. La narración en primera persona nos permite hacernos una idea de la inmensidad del imperio romano y la variedad de súbditos con los que contaba en cada viaje del protagonista a una provincia, isla, colonia o territorio conquistado. En ellas siempre se luce un ejército sólido y bien entrenado, capaz de llevar el orden y asentar el camino para la difusión de la cultura occidental, gracias al contacto de este emperador amante de las artes y letras con filósofos de distintas escuelas; sacerdotes de diferentes sectas o religiones, con quienes buscaba acuerdos para incluir a sus fieles al manejo del imperio, mediante la tolerancia a la diversidad de cultos. También buscó que sus soldados sean colonos, atraer a comerciantes a los territorios anexados mejorar la educación de la clase media para prolongar la vida de Roma y detener su caída, entre varios aciertos como mandatario, que cobrarán vigor actual en la lectura de cualquier hombre de nuestro tiempo, pues se dice que la voz de este personaje reproduce desde la antigüedad la agudeza, el examen de sus enemigos y de sí mismo, y las provisiones recomendadas al equipo de gobierno del emperador, que están contenidas con otros matices en “El Príncipe” de Nicola Macchiavello.
Las trazas psicológicas de Adriano revelan al hombre de mundo como un ser pensante y reflexivo en toda circunstancia de su vida, capaz de la mayor alegría o la tristeza más oscura, pero no por ello disminuido en su imbatible lucidez. Así, Adriano es un fino político capaz de detectar los movimientos secretos de los conspiradores a su mando desde Lucio Quieto, insurrecto en Asia, hasta su anciano cuñado Severino, a quien hizo matar cuando ya empezaba la enfermedad que lo llevaría a su muerte. También Yourcenar nos brinda al joven amante de patricias y al pederasta protector de sus efebos, Lucio Ceyonio y el hermoso Antinóo de Bitinia, a quien haría elevar al rango de dios, después de su suicidio.

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