NO ME LLAMES EXTRANJERO – ALBERTO CORTEZ Y FACUNDO CABRAL

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NO ME LLAMES EXTRANJERO – ALBERTO CORTEZ Y FACUNDO CABRAL
“Los que dividen y matan, los que roban, los que mienten, los que venden nuestros sueños, ellos son los que inventaron esta palabra: extranjero”. Facundo Cabral recitaba esta verdad en un momento de la interpretación de Alberto Cortez de ‘No me llames extranjero’, tema de Rafael Amor que podría sustituir el ordenamiento jurídico de cualquier estado para que las cosas empezaran a ir mejor. Ellos le mataron, los que inventaron extranjero, los mismos que están detrás de los mercados, de la explotación de pueblos y países, los que reprimen a los que no piensan como ellos, los que fomentan el desigual acceso a los servicios médicos, a la educación y a la cultura. Todos ellos, de una forma u otra, han favorecido este asesinato como favorecieron y favorecerán otros. Estuviera dirigido contra él o no el operativo que le asesinó, hay responsables. ¿Sabremos alguna vez la verdad? ¿Queremos saberla? De todos depende saber indignarnos más y más. Facundo murió libre. No se te olvida y se te quiere siempre, amigo.

Durante su visita a Madrid en 1995 junto a Alberto Cortez presentando el exitoso “Lo Cortez no quita lo Cabral” en el Teatro Reina Victoria de Madrid, tuve ocasión de descubrir a dos de los mejores artistas y personas con los que uno puede cruzarse en esta vida. Es emocionante escucharles de nuevo, aquí os extracto la conversación con Facundo, espero que os resulte interesante.

¿Qué diferencia hay entre un cantante popular y un charlatán de feria?
Creo que no hay diferencia. El arte es una bella ilusión, para algunos un tipo que tiene ilusión o vuela es un loco, para mí no. He escuchado cosas prodigiosas de los cantantes populares. No importa si lo que dicen es cierto o no, si mienten o no, lo que importa es que sea bello. No puedes obligar al arte a que tenga una moral que coincida con la mayoría. El artista está fuera de eso. Una de las ventajas del arte es que tiene la libertad de transitar otros caminos, no hay arte en el cuerdo. El cuerdo es notario, gobernador, tiene una farmacia, vende telas… El artista tiene otros permisos. Por eso no me importa si es un loco, un charlatán o un cantante popular. Tengo el mismo respeto por Mick Jagger, que suda autenticidad y tiene su discurso a pesar de lo que digan estos o aquellos, y por Atahualpa Yupanqui, que tenía su discurso también. Pero prefiero las propuestas que siempre vienen de los más audaces, en la poesía, Rimbaud; en la música, Stravinski, en su momento Bach. No creo en la cosa convencional. Por eso hoy la canción, el arte, está ensombrecida porque está muy mercantilizada. Hoy los artistas buscan la difusión y antes buscaban la inspiración. El arte es la libertad, y el éxito, de alguna manera, es una presión. Si el arte no revoluciona no vale.

Atrévete a definir tu carrera.
Es difícil hablar de uno. Lo único que sé es lo que siento que soy para mí. Soy un curioso, un buscador, un caminador. Un cantante callejero que de pronto tiene acceso a los teatros, pero nunca pierde la calle. A mí no me interesa para nada que los importantes de la sociedad me aplaudan o me escuchen, ni siquiera que me digan “es usted maravilloso”. Debo seguir manteniendo mi libertad, me importa la gente con la que puedo cambiar algún viaje, alguna ilusion, algún sueño.

Alberto Cortez es un compañero ideal para esto…
Porque nos respetamos mucho. Puedo escuchar a Pink Floyd, Mozart, Jethro Tull o Bob Dylan con el mismo interés, el mismo respeto con que escucho a Pavarotti. Yo sé que no soy Pavarotti ni Jagger, soy Cabral, tengo que dar mi testimonio. Soy un cantor callejero que de vez en cuando pasa por el teatro, pero yo vivo en la calle. No soy un cantor oficial, nunca fui un tipo legal. Tengo gran respeto por la marginalidad, si el artista se transforma en algo oficial deja de serlo porque pasa a ser un objeto de consumo como al comprar un cepillo de dientes, un disco del tipo de moda, una musica light… Y el arte no puede ser así.

Con Alberto te une la poesía y la libertad, en sentido amplio, de Machado, Miguel Hernández, Atahualpa Yupanqui…
Yo era un tipo desdichado, terriblemente violento, creo que todavía lo soy intelectualmente, pero en aquel entonces lo era físicamente. Era alcohólico a los once años, analfabeto a los catorce…

Segur leyendo: http://www.efeeme.com/facundo-cabral-no-me-llames-extranjero/

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