Palabras Manipuladoras con el Coach Literario Cesar Leo Marcus

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Identificar qué diferencia a las personas exitosas del resto, fue el punto de partida de los creadores de PNL (Programación Neurolingüística), una metodología que presupone la reprogramación del comportamiento humano a través del lenguaje utilizado, es decir a través de las palabras. La idea principal en PNL, es que a lo largo de la vida, aprendemos el uso y significado del lenguaje, lo experimentamos y lo vivimos sin darnos cuenta, porque las palabras nos afectan, para bien y para mal, activando nuestro sistema neuroquímico en cada ocasión, es decir, que ciertas y determinadas palabras nos programan, (positivas o negativas), así mismo, cuando nosotros hablamos a los demás, sucede lo mismo, también los programamos. De esta forma el lenguaje se convierte en uno de los principales filtros de la realidad, pues a través de él se expresan identidad, valores y creencias. Palabras “negativas” como “nunca, nadie, todos y siempre”, son generalizaciones peligrosas, porque son absolutas y falsas, y por si solas descalifican las ideas “positivas” como “esperanza, posibilidad, tal vez, puede ser”. La teoría principal de PNL, es que el poder del lenguaje es tan importante, que tiene capacidad de influir sobre las personas de manera constructiva o destructiva.

Palabras Exitosas
Muchas veces he repetido que el escritor exitoso está más concentrado en el continente que en el contenido, es decir, ¿Cómo relatar una historia? y no en ¿Qué historia relatar?, ya que el éxito del libro dependerá en la forma de relatar la historia, más que en el contenido de la misma, determinando que en las palabras que escribimos podría estar la razón del éxito o fracaso del libro, es decir, que el éxito se vinculará a la forma en como un escritor puede hipnotizar o manipular a sus lectores, utilizando las palabras justas en el párrafo adecuado, porque la idea central es captar una parte de la realidad de cada lector, dándole un significado a la información que posea, incluyendo en el relato sus propias experiencias. El escritor debe “manipular” los filtros de la realidad de cada lector, influyendo mediante el lenguaje en sus experiencias individuales, creencias, incluso en su sistema cognitivo, para esto el escritor debe “anclar” en el lector palabras que despierten “dudas”, “curiosidad”, “temores”, “incertidumbres” que asocien un estímulo sensorial con un estado de ánimo interno.

Palabras que “Califican”
Describir a un personaje como inteligente, culto, talentoso, sabio, entendido, académico, notorio, hábil, refinado, atractivo y/o amable, creara simpatías con el lector, porque se identificará con alguno de estos calificativos, en cambio describir a un personaje como fracasado, torpe, amargado, quebradizo, endeble, flojo, esmirriado, enclenque, deleznable, despreciable, creara antipatía en el lector, ya que culturalmente despreciamos estos calificativos. Esto parece una observación sutil, pero no lo es, ya que inconscientemente el lector asociara lo bueno y lo malo a estos personajes, sensibilizándose ante estos calificativos, porque las palabras construirán sus realidades. Por supuesto que en la vida real no existen las personas totalmente buenas ni totalmente malas, y los personajes debe seguir estas reglas, por esa razón los buenos deben tener algunos defectos, los malo algunas virtudes, pero que en ambos casos no desvirtúen sus características principales.

Palabras que “Amarran”
El objetivo del escritor es crear situaciones, en su historia, que “amarren” al lector, utilizando palabras que definan ese momento especifico y necesiten respuestas por sí mismas, es decir palabras “manipuladoras”. No hace falta escribir una historia policial o de espionaje para despertar curiosidad en el lector, existen palabras que penetran la mente y quedan ancladas en el cerebro, creando la necesidad en el lector de seguir leyendo la obra, y aumentar esa necesidad a media que avanza. Algunas de estas palabras son: “secreto”, “vigilante”, “íntimo”, “confidente”, ”delator”, “traidor”, “ambiguo”, “interrogación”, “dudoso”, “confidencia”, “saboteador”, “ignoto”, “oculto”, “enigmático”, “inexplicable”, “confuso”, “inescrutable”, “hermético”, “anónimo”, “indescifrable”, “escondido”, “incógnito”, “intrigante”, “clandestino”, “encubierto” y muchas más.
Incluso si utiliza estas palabras dentro de una pregunta al finalizar cada capítulo, el efecto es doble.

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