Y comieron perdices – Marta Aguadero.

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¡Hola personitas! Cada día estoy más y más emocionada por lo que se acerca. De momento no puedo decir nada porque sigue sin ser seguro, pero la posibilidad está ahí. Agarrándome de la mano bien fuerte.
Y no sé qué más, que somos 2000 y se me acaba el dinero para invitaros a cada uno a una cerveza. Espero que os conforméis con un abrazo. Porque de esos tengo de sobra. Una vez más, gracias.

twitter: @mullingarsm

blog: http://diecinuevelineas.blogspot.com

texto:

Me he cansado de Cenicientas de bar que,
no solo tienen hora fija para volver a casa,
sino que también van perdiendo zapatos y principios entre sapos a los que besan deseando que se conviertan en príncipes y les liberen del hechizo
(que yo sepa ella solo pidió un vestido y una noche, nada de unas manos que le salvasen de sí misma).
Aborrezco a los héroes montados a caballo que van disminuyendo su dignidad con cada paso en falso y piensan que son esenciales para el desarrollo de la historia,
y sobre todo detesto a los príncipes azules.
Me recuerdan demasiado a ti,
tan de cuento que rozabas lo insultante.
Cambiaste los papeles demasiado rápido y pasases de príncipe a villano en cero coma.
Un hijo de puta así no debería tener los ojos tan bonitos.
No me parece nada justo.

Decir “te quiero” en la primera cita es lo que se lleva ahora,
coleccionar “para siempres” entre las clavículas
y bailar tan fuerte que con el propio roce se rompan por la mitad y solo quede el “para” susurrado a todo pulmón
ya no está tan mal visto,
y prometer paraísos terrenales entre sábanas de seda con vistas directas al mar en Madrid
se ha instaurado como costumbre nacional.

El frío da una vuelta de campana y se instala en tu ombligo.
Nos quisimos como si no hubiese mañana,
pero la verdad es que sí que lo hay
y viene cargado de alcohol y fotos borrosas.
En vez de mariposas en el estómago me colocaste chinchetas intencionadamente y ahora no dejo de vomitar punzones,
pero sigues doliendo más tú.

Vale que fueses de cuento,
pero estabas escrito con caligrafía de la mala y manchas de café en los bordes.
Con el tiempo te acabarán abandonando en una estantería de “viejos clásicos” y solo lectores antiguos volverán a por ti
y al preguntar por tu nombre en las librerías, el dependiente pasará un mal rato pensando cómo se escribe para buscarlo en su ordenador.
“0 resultados”, dirá.
Al fin y al cabo hay historias en las que no se comen perdices,
sino todo el mal que algún día pusiste en el camino;
por eso lo siento mucho.
Y para nada estoy pidiéndote perdón.

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